Thursday, 21 September 2017

¿Por qué saboteo los buenos momentos?


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A estas alturas es sabido por los lectores asiduos al blog que estoy acostumbrada a tratar con personas que padecen Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC).  Aunque padezcan el mismo trastorno, las circunstancias y personalidad de cada uno son muy diferentes, con lo que el ritmo y resultados terapéuticos son un interrogante al comienzo con cada terapia. No obstante, aunque cada caso sea un mundo, obviamente  existen características en común y hay una de ellas de la que no se suele hablar mucho en artículos ni  libros pero yo diría que se da en cerca del 100% de los casos. Te recuerdo que te hablo desde mi experiencia en la práctica clínica, por lo que aunque mi visión refleja la realidad cotidiana de mis pacientes, esta perspectiva no deja de estar en cierto modo sesgada. En este caso te voy a hablar del autosabotaje de experiencias positivas.  En su momento dediqué varios posts a los dominios de creencias del TOC, es decir, una serie de esquemas o formas de pensar (sobreestimación del peligro, sobreestimación de la responsabilidad...) que suelen ser característicos de la gente con este trastorno, pues el miedo a las experiencias positivas es  uno de ellos. 
 

¿Y eso qué significa? Es aquello que ocurre en los pequeños ratos en los que la persona tiene un buen momento, un rato de bienestar a solas o con los suyos, haciendo lo que sea pero siendo consciente de que está disfrutando de ese momento. Es curioso, el TOC le está dando un respiro, le ha aflojado la soga pero es entonces cuando uno mismo sabotea ese ratito y viene el "Estoy bien ¿pero cómo es posible? ¿cómo es posible que este pasándolo bien si tengo este problema"?" o el típico "Recuerda que tienes TOC" y en ese momento cualquier disfrute se trunca y vuelven las obsesiones y con ellas el malestar. Es como si la persona no se permitiera el derecho a estar bien. Como si no lo mereciera. 
Me suelen decir cosas del tipo: "Como no estoy bien porque tengo TOC, es como si no tuviera derecho a disfrutar de nada hasta que el trastorno desaparezca. A veces me veo a misma riendo o pasándomelo bien y me digo que no debería estar así teniendo los pensamientos que tengo" 


Esto ocurre sobre todo en las llamadas obsesiones repugnantes (te recuerdo que son las de contenido agresivo, moral y/o sexual), el paciente se siente mala persona, con lo que el sabotaje de momentos placenteros es mayor porque el sentimiento de "no merecerlo" aumenta.
Conforme la persona va entendiendo cómo funciona el TOC, ese autosabotaje suele disminuir de forma notoria porque uno acaba entendiendo que  no es verdugo, sino víctima. Aún así, este sabotaje de las propias experiencias positivas tarda en desaparecer completamente. 


Para trabajarlo en terapia, lo primero es no evitar esas experiencias positivas por miedo a que surja el malestar. Todo lo contrario, hay que buscar al máximo momentos de bienestar.  Si una vez en situación,  empiezan a surgir estos pensamientos de "no merecer" (y con ellos el TOC), yo tengo que seguir con la actividad que esté haciendo y procurar no entrar a la batalla aunque el TOC me busque las cosquillas (que me las buscará). No entrar en la batalla significa: centrarme al máximo en mi aquí y ahora, en el momento que estoy viviendo (sea la historia de un libro, un juego en familia, un paseo por el campo o pintarme las uñas. Lo que sea que esté haciendo en ese momento, eso es lo único que cuenta y a lo único que he de prestar atención). Nada de racionalizar, nada de analizar. Cuando yo estoy discutiendo mentalmente con el TOC para demostrarle lo mucho que me merezco ese momento, ya he perdido la batalla.  Preferiríamos que esos pensamientos no estuvieran presentes en ese momento pero están. Al prestarles atención y darles importancia solo hacemos que darles más protagonismo con lo que el disfrute será aún menor. Hay que aceptar que  a día de hoy me acompañan aunque no me guste porque precisamente aceptar su presencia será lo que a medio plazo  nos lleve a su extinción.


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Como he dicho antes, la culpabilidad que uno siente se trabaja de forma indirecta conociendo bien cómo funciona el trastorno. La psicoeducación es esencial en la terapia. El trabajo a nivel cognitivo es especialmente importante para lidiar con los momentos de sabotaje.

Esto que quizás a algunos les parezca simple, es fruto de un largo trabajo en terapia: aprender a no luchar con los pensamientos obsesivos ni con sus derivados (como los llamo yo). No tiene sentido luchar contra algo si no representa un peligro real. Lanzar la espada contra el aire es agotador y roba energías para las cosas  que realmente sí importan, como disfrutar de ese momento placentero.






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Sara LLorens Aguilar
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Tuesday, 12 September 2017

Carta de una pérdida

Ha pasado mes y medio desde mi último post. El mayor tiempo que he estado sin escribir desde que abrí este blog. Varios de vosotros me habéis preguntado, así que pido disculpas por la ausencia de publicaciones. Me gustaría decir que ha sido debido a unas largas  vacaciones  pero no ha sido el caso.
Éste es un post diferente al resto. Contiene un escrito, una carta, de una persona cualquiera que acaba de sufrir  la que ha sido la mayor pérdida de su vida hace unas pocas semanas. Ya hemos hablado del duelo en anteriores ocasiones pero nunca de esta manera. Este post no habla de estrategias terapéuticas ni factores de ningún tipo, no habla de causas ni de estadísticas. Ni siquiera habla de cómo la persona trabaja su duelo. Es una simple carta de alguien que ha decidido plasmar sus sentimientos sobre el papel a modo de desahogo, con la esperanza de que quizás ayude a otros, bien a llorar lo que a veces no nos permitimos, bien a sentirse identificados o quizás incluso a  compararse y darse cuenta de que ya lo han superado o que están en el camino.

Me he pensado mucho si publicarlo o no por varias razones, principalmente porque creé el blog desde una perspectiva profesional, no personal. Sin embargo, a veces, creo que es inteligente e incluso necesario hacer excepciones en según qué situaciones. Y yo siento la necesidad de  escribir este post antes de publicar cualquier otro y dejar que el blog siga su curso, que es lo que tiene que hacer.
Lo bueno del blog es que la tinta no se emborrona por muchas lágrimas  que uno derrame, de otra forma este post sería ilegible.

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Dicen que nadie te prepara para esto y en este caso la gente tiene razón. No sabría por dónde empezar a explicar cómo uno se siente cuando se pierde a un padre de la noche a la mañana. Así, sin más. La vida te lo quita y no te pide opinión. Nadie te pide permiso, nadie te pregunta. Te lo quitan y ya está. Es sorprendente como una simple llamada, una sola llamada puede cambiar todo tu mundo. Cuestión de segundos. Y tú no puedes hacer nada. Absolutamente nada. Te quedas ahí, aparentando fortaleza porque piensas que es la única manera de resultar útil a las  personas que  más quieres y a las que ves derrumbarse como nunca antes habías visto. No le deseo esa experiencia a nadie. Es un sentimiento de tristeza y de impotencia absolutos. Sientes que quieres protegerlos, cuidarlos para que no sufran lo que están sufriendo pero la realidad es que  no puedes hacer nada, salvo estar.
Todos te ponen la etiqueta de fuerte y tú al final te lo acabas creyendo y actuando como tal. Pero  eso tiene un precio, como todas las etiquetas. Yo siempre he pensado que es mejor llorar a solas, cuando nadie te ve, así uno puede desahogarse con libertad y sin límites, sin  hacer sufrir a otros. Porque hay formas de llorar  que rompen  el alma de quién las escucha.

Mi padre era un hombre inteligente, culto, trabajador, honesto y muy leal. Fiel a sus ideas y a sus principios. Era una persona muy transparente y protectora de los suyos. Un pilar fuerte en el que apoyarte. Generaba mucha confianza por su fortaleza y por su compromiso, porque cuando mi padre se comprometía, ya podía acabarse el mundo, que él cumpliría con lo suyo antes. Tenía mucho carácter y mal carácter, ambos, y el segundo  fue motivo de numerosas discusiones a lo largo de nuestras vidas, aunque afortunadamente los dos nos apaciguamos con los años, él al envejecer y yo al crecer. Era como discutir con tu imagen en el espejo, ninguno de los dos iba a convencer al otro. Siempre nos hemos parecido mucho, quizás demasiado. Pero a pesar de nuestros desencuentros, nos queríamos mucho. Debí decírselo más veces de las que se lo dije.  
Es raro explicar cómo uno se siente cuando pierde a alguien  de esta manera pero es más difícil explicarlo cuando te has parecido e identificado tanto con la persona que se ha ido.

Adoro mi profesión. Me encanta lo que hago, me hace feliz. Sin embargo no era lo que él en un principio quería para mí. Quería que mi camino fuera por otros derroteros y durante algunos años fue así pero como él bien me dijo una vez "no se pueden cortar las alas a un pájaro", así que reconduje mi vida para estar donde estoy ahora. Y él, a pesar de no estar de acuerdo, a pesar de que pensaba que me equivocaba, que lo más seguro y lo más acertado era lo que él pensaba (porque si algo caracterizaba a mi padre es que, según él, siempre tenía razón. Y siempre es siempre) me apoyó. Me apoyó de todas las maneras en las que una persona puede apoyar a otra. Se resignó y me apoyó porque era lo que yo quería hacer y él quería que fuésemos felices por encima de todo. Hizo que el camino para llegar hasta aquí fuera más fácil, menos estresante, más agradable... eso no tiene precio: facilitar el camino a otro para que éste alcance sus objetivos y sus ilusiones. Ahora eso sí, intentó hasta el último momento  "hacerme entrar en razón" (su razón, claro) pero eso era batalla perdida. Somos iguales, personas de objetivos. Y da igual lo que se nos ponga por delante cuando tenemos uno.

Un sentimiento curioso  cuando pasa esto es que mientras tu vida se para, observas cómo la de los demás sigue. Igual que la tuya seguía cuando la de otros se paraba. Te das cuenta de que es la naturaleza humana, de otra forma hubiera sido imposible la supervivencia. 

Lo vivo de forma caótica. A veces estoy riendo para  empezar a llorar dos segundos después. En un momento dado crees que estás bien pero basta con un mínimo detalle para romper a llorar en cuanto el momento y el lugar  te lo permiten. A veces lo vives de forma surrealista, como si lo que te ha pasado, le hubiera pasado a otra persona. Pero te ha pasado a ti. Lo que ocurre es que aún no lo has asimilado y en parte no lo quieres aceptar. Te vienen flashes de los momentos  en el hospital, de aquella llamada... Y te vienen recuerdos. Algunos te asaltan y otros los buscas. Recordar es doloroso.
 
No sé para otros pero para mí la palabra "vínculo"  ha adquirido su verdadero significado estas últimas semanas. Es aquí donde  te das cuenta de verdad de los vínculos que tienes con otras personas. Muchos  estaban claros, otros te sorprenden gratamente y alguno que otro resulta decepcionante. La forma en la que las personas te responden en un momento así es crucial, para mí ha sido determinante. 

La última vez que le vi en condiciones fue en el aeropuerto, antes de mi último viaje. Recuerdo que fue un viaje fantástico, lo disfruté al máximo. Como si la vida misma me estuviera preparando para lo que estaba por venir. A veces, muy pocas, me pregunto qué hubiera hecho si lo hubiera sabido antes... Pero me resulta una pregunta absurda y sin sentido, una pérdida de tiempo porque la realidad es que no lo supimos antes. Y no hay más. Divagar sobre lo que hubiera podido ser no va a traerlo de vuelta ni va a ayudar a nadie.

Yo creía que si pasaba algo así, me moriría de pena. Pero no te mueres, te quedas. Y te guste o no tienes que asimilarlo y superarlo con el tiempo, el que uno necesite, porque es la única alternativa válida. Estoy convencida de que si me viera  me diría "Ahora tienes que ser práctica y fuerte".Pues eso papá, en ello estoy, haciendo lo que puedo.


En memoria de Bernabé LLorens Fuentes



Y con esto empezamos el curso.

Monday, 31 July 2017

To the bone (Hasta los huesos)


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Resultado de imagen de to the bone imagenesA veces  escribo sobre alguna película, obra de teatro o serie a la que encuentro interés desde un punto de vista psicológico, este post va a ser uno de esos. En este caso te quiero hablar de una serie muy reciente que trata el problema de la anorexia nerviosa y que  por lo poco que he podido ver hasta ahora (llevo un capítulo) parece ser que vale la pena y cuando digo "vale la pena" me refiero a que refleja el problema de forma realista. Una jaula no deja de serlo porque sus barrotes  brillen. Sigue siendo una jaula. Por esto mismo, por su realismo y crudeza, es posible que en determinados momentos a alguno de nosotros se nos pueda hacer difícil verla, todo depende de lo cerca que te toque o te haya tocado el problema. La serie en cuestión se llama To the Bone (Hasta los huesos)

Ya te he hablado en anteriores ocasiones de la anorexia y su tratamiento. La terapia con  personas que padecen este problema es especialmente difícil porque la mayoría de veces vienen obligadas y no son conscientes del problema, al ser un trastorno de tipo egosintónico (puedes recordar lo que significa esta palabreja aquí) el interés por la propia recuperación es mucho menor y en ocasiones inexistente. Este tema es el principal protagonista del primer capítulo: la falta de interés en la propia recuperación. Por mucho que nuestros familiares, parejas, amigos.... nos apoyen y nos motiven, si un@ mism@ no está por la labor, eso no sale adelante. No hay absolutamente nada que hacer. Y a veces, por desgracia, uno ha de tocar fondo para poder empezar de nuevo. Esto es un punto que caracteriza especialmente a las personas con este problema de alimentación en concreto. Para ser más exacta, las personas con este problema sí que quieren cambiar el infierno en el que viven pero no quieren/pueden pasar por el proceso que implica ese cambio, que empieza por comer. 

La posición de la familia de una persona con este trastorno está bastante bien reflejada en la serie (todo lo bien reflejada que pueda estar en un capítulo). Se observa algo importante: el vuelco  hacia la paciente en un primer momento y como el mismo comportamiento de la paciente y su desinterés en hacer nada para recuperarse van  agotando las energías de la familia y ésta va mezclando intentos de ayuda con resignación. Uno no quiere rendirse, no quiere ver dejar a su hij@ matarse de hambre pero el ser humano tiene un límite, incluídos los padres. Pero esto a veces solo se llega a entender con paso el tiempo, que nos da una perspectiva más realista de la vida y de la naturaleza humana.

También refleja los factores predisponentes y el desencadenantes. Los primeros son lo que van abonando el terreno, poco a poco se van sumando sin que te des cuenta y haciéndote más vulnerable. En este caso  presentan ciertos cambios  importantes a nivel familiar (no daré más detalles para no estropearte la serie) como factores predisponentes y también ciertos aspectos de personalidad de la protagonista. El desencadenante, que también lo presentan de forma muy clara, podríamos decir que es el que hace que todo estalle.  Digamos que es como si tuviéramos un petardo y un mechero y poco a poco los fueramos acercando uno al otro (predisponentes) y al final, cuando la mecha del petardo y el mechero ya se están tocando, encendemos el mechero (desencadenante). Éste es otro punto a favor de la serie porque el espectador puede entender que las cosas no surgen de la nada, que en psicología 2+2 no necesariamente dan 4 y que es el cúmulo de diferentes factores los que llevan a la persona a lo más profundo del abismo.

En este primer capítulo también  destacan las manifestaciones más típicas y sus consecuencias: el infrapeso, la obsesión por el peso/comida/silueta, ser una calculadora humana de calorías, el exceso de deporte hasta acabar con el último suspiro que a uno le quede, el lanugo, los mareos y desmayos, el uso de laxantes, vómitos,  usar ropa ancha  y muchas capas, abandono de estudios/trabajo, aislamiento social, problemas familiares (distanciamiento emocional, discusiones, aislamiento...) Todo esto es lo que se ve pero lo peor es justamente aquello que  es intangible, lo que nadie ve: la soledad y la desesperación en su máximo exponente. Y todo lo que ello conlleva. 

La anorexia se lo lleva todo: primero te roba tu cuerpo, luego  tu sonrisa, para continuar con tus ilusiones, tus objetivos, tus sueños y acaba quitándote las ganas de vivir. Te convierte en otra persona, en la peor versión de ti mism@.  Literalmente, aquí no hay metáforas que valgan. El primer capítulo refleja exactamente esto, por eso lo recomiendo en este blog pero... a pequeñas dosis.










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Tuesday, 4 July 2017

Los logros de mis pacientes


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En una sesión de esta  mañana un paciente con Trastorno Obsesivo Compulsivo  relativamente grave me ha dicho que se ha sacado el curso escolar ¡creo que casi me he alegrado yo más que él mismo! Obviamente, uno tiene que poner las cosas en contexto para poder valorar la situación en su justa medida, en este caso ha sido una muy buena noticia.
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Mucha gente hace el balance del año a finales de diciembre, yo lo  suelo hacer en septiembre, quizás porque he dedicado tantos años de mi vida a estudiar que  el cambio de rutina lo ha marcado siempre este mes. Nuevo curso, nuevo año. Ese es mi lema. Pero esta vez me voy a adelantar un par de meses para hacer un pequeño balance de los logros de mis pacientes. Creo que es un tema inspirador y que además, puede servir de motivación a quién está en el proceso.


Primera regla de todos los pacientes que tienen éxito en terapia: trabaja para conseguirlo. Si no sudas, no habrán resultados. Al margen de que las circunstancias sean más o menos  favorables (esto cuenta, las cosas como son), hay que moverse, hay que ponerse retos, hay que pasar miedo/ansiedad/incertidumbre en el proceso. Hay que esforzarse.

Vamos con algunos de ellos...

Marina (por ponerle un nombre), logró parar los pies a sus jefes, quienes abusaban  de su falta de asertividad y gran capacidad de trabajo. Aprendimos juntas  a desarrollar las habilidades sociales que le faltaban y a establecer límites. Consiguió el cambio de puesto y de empresa que deseaba y ahora  va cada día al trabajo disfrutando de la actividad que hace y de sus situación laboral en general (horarios, jefes, salario...). No todo es de color de rosa, quedan otras áreas que mejorar pero ésta era una muy importante para Marina y el cambio representa un aumento de calidad de vida esencial para ella.

Mario lleva 8 meses sin consumir ninguna droga y sin jugar. Antes el consumo  y el juego se daban con una frecuencia muy elevada, casi semanal. Está orgulloso porque es consciente del esfuerzo y de cómo el cambio está repercutiendo de forma muy positiva en todo el resto de áreas  de su vida (familia, trabajo...)

Resultado de imagen de esfuerzoCuando la conocí,  Ana  consumía 4-5 porros diarios, pasaba muchas horas en casa inactiva (en parte debido al estado en el que le dejaban los porros), llevaba una vida muy desordenada y  se dejaba llevar por impulsos continuamente, lo que repercutía muy negativamente en sus relaciones con otras personas. Ana fuma alrededor de 1 porro diario, trabaja, se mantiene activa y hace esfuerzos por racionalizar las situaciones antes de actuar. Queda mucho trabajo con ella pero desde luego vamos por el buen camino.


A Elías le daban ataques de pánico fuera y dentro de casa, dependía totalmente de otras personas, le costaba hasta dar un paseo por su barrio. Hace unos meses que se fue a vivir a otra ciudad por temas laborales. Este cambio habla por sí solo.


Miguel, María y Zoe. Los tres vinieron por TOC de amores. Ahora el primero está felizmente en pareja con la que ya lo era por entonces y con un hijo en común; María, tras la terapia, se casó y espera una nena y Zoe se acaba de casar. Todos ellos con la pareja que tenían al acudir a consulta.

Julia tenía un trastorno del pánico que no le permitía acudir a restaurantes, teatros, cines, ir en bus/tren, viajar.... Ahora hace todo esto y llega a disfrutarlo en la mayoría de las ocasiones. Queda asentar un poco más las mejorías pero hay un abismo entre lo que era y lo que es.

Elena vino con depresión mayor a consulta. Es inteligente y trabajadora. Ha trabajado mucho pero lidia con un enemigo muy fuerte. Hemos obtenido mejorías pero aún se nos resiste. La meto aquí aunque la mejoría todavía  no sea la que nos gustaría alcanzar porque me parece un ejemplo a seguir. Luchadora como pocas, siempre al pie del cañón aunque esté agotada. Hay mejorías importantes aunque ella solo sea capaz de verlas en sus momentos buenos. Hay que seguir trabajando.

Debido a su historial familiar, Noelia estaba obsesionada con la idea de padecer un trastorno mental grave, lo que le limitaba en muchos sentidos. Nos centramos  en desacreditar esta idea y ahora la veo una vez cada dos meses ( y porque ella insiste porque yo ya le habría dado el alta hace tiempo)

Nuria tenía TOC con obsesiones de pederastia y hace mucho que eso desapareció. A Beatriz  la incluiríamos en la misma situación. Cristina ha mejorado mucho en su TOC, que ha ido pasando por distintas obsesiones, pero aún hace falta seguir trabajando un poco más. Luis vino con un TOC de contaminación y también ha marcado un antes y un después, aunque nos costó que se decidiera a "ponerse las pilas", cuando lo hizo, conseguimos nuestros objetivos.
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Aquí te he expuesto algunos de los casos que me vienen a la cabeza mientras escribo el post. Con esto no quiero decir que todos sean así, obviamente hay de todo y no hay líneas rectas porque la vida no funciona con escuadras. Es lo que hay. El objetivo del post de hoy es motivar a creer en el cambio. El cambio es posible, otra cosa es que nos venga muy bien no creer en él para justificar quedarnos como estamos pero todas estas personas han hecho un esfuerzo muy grande y  lo han pasado mal en el camino para lograr el estado que querían alcanzar y eso, señoras y señores, hay que valorarlo y hay que premiarlo. 


Y como sé que más de un@ me estará leyendo.... Enhorabuena, tanto por los logros conseguidos como por los que nos quedan por conseguir.





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Monday, 26 June 2017

Role playing

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El role playing es una estrategia terapéutica que podemos utilizar en diferentes situaciones, aunque podríamos decir que resulta especialmente útil cuando el paciente tiene que entrenar su asertividad o habilidades sociales. Básicamente consiste en simular la situación real a la que uno va a enfrentarse: paciente y terapeuta se ponen en los roles correspondientes y actúan simulando la conversación/situación que el paciente en cuestión ha de tener.

Un punto clave en esta práctica es ponerse en el papel, entre otras cosas porque si no nos ponemos en situación, no nos estará sirviendo para nada. Yo se lo digo a mis pacientes antes de empezar: 

"A partir de este momento yo ya no soy Sara tu psicóloga, soy X y hasta que no te haga ninguna señal para cortar,  tienes que tratarme como X"  
En este caso, "x" puede ser un jefe/a, un compañer@, un profesor/a, un amig@, una madre, una hermana... y un largo etc.  Por unos minutos, me convierto en quién haga falta. 

Resultado de imagen de rol playing psicologia

A veces, por falta  de costumbre y...porque es natural, la persona no lleva ni 15 segundos en el papel y  ya me está tratando como Sara. Aquí tengo dos opciones: o me salgo por un momento del rol y le recuerdo lo que hemos pactado, o sigo en mi papel haciéndole ver que "por ahí no". Normalmente prefiero recurrir a la primera para no interrumpir el ejercicio pero a veces esto no es posible porque el paciente se ha bloqueado y no sabe por donde tirar, entonces ahí nos paramos para darle ideas o resolver lo que sea que le esté impidiendo llevar a cabo el ejercicio y entonces lo retomamos desde el principio.
 
Lo que yo hago es repetir el ejercicio variando el nivel de dificultad para que el paciente vaya lo más preparado posible.  Eso quiere decir que incluyo role playings donde  se lo pongo bastante difícil y así, si en algún momento se da lo que más teme (esto ocurre en un 1% de las situaciones....), quiero que sepa reaccionar, o mejor dicho, quiero aumentar las probabilidades de que sepa reaccionar lo mejor posible y que el impacto emocional sea el menor posible también.


Tras cada ronda, vamos evaluando los puntos fuertes y los no tan fuertes. Pido primero su opinión y luego la contrastamos con la mía. Según lo que vamos observando, vamos repitiendo el ejercicio para pulirlo y mejorar los puntos donde más flaquea. A veces es bueno tener cerca un tercer observador que dé su punto de vista sobre la representación pero en este caso esp implicaría añadir a alguien más en la sesión, con lo que no suele ser algo que lleve a cabo con frecuencia.



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Como he dicho al principio, el role playing se suele llevar a cabo para practicar habilidades sociales: mostrar empatía, críticas (tanto hacerlas como aceptarlas), saber negarse ante una petición (ésta la practicamos mucho, hay mucha gente con dificultades para decir no), para pedir/dar explicaciones... Y otra situación donde llevo a cabo el ejercicio pero donde solo hago de espectadora es en la terapia de pareja. Muchas veces pido que me representen una discusión para observar cómo ellos dos se manejan ( y ver las diferencias entre cómo dicen que se comportan en una disputa y cómo realmente se comportan...porque haberlas, las hay). Ahí lo que suelo hacer es sacar un tema que sé que es conflictivo para esa pareja y...dejo que fluya. Ellos solos hacen el resto. Cuando terminan les pido observaciones y luego les doy las mías. Y sobre ese material continuamos trabajando.

La inversión de roles también es otra forma de hacer role playing. Se usa bastante en el psicodrama y aquí lo que se hace es representar el papel del otro, es decir, ponerse en los zapatos del interlocutor. En este caso, el objetivo principal sería aumentar la empatía hacia el otro  y así poder comprender mejor cómo el otro piensa, siente y  el por qué de sus actuaciones.






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